REFLEXIONES
DEL APEGO A LA CALMA, SANANDO LA HERIDA
DESPRENDIMIENTO…
Y ahí se quedó… suspendido en el aire, sujeto apenas por unas ligeras ramas. Sintiendo la pena del desprendimiento y queriendo evitar el dolor de la caída.
Inconsciente de que el inevitable desenlace aliviaría su sufrimiento.
ESA BELLA HERIDA…
Y llega un momento en el que pierdes el equilibrio… tanto peso, desgaste; sientes como pequeñas partes de ti se desprenden, quedando en el camino, irrecuperables. Te sientes acabado, sin vida, roto, aunque sigues entero… hasta que un día ya no puedes más, tocas fondo y una pequeña parte de ti quiebra, mostrando su interior: un lugar desconocido en el que aparece algo bonito, amoroso, auténtico, lleno de vida…
Y entonces reparas tu herida con arte, sin esconderla, como el kintsugi, y sigues tu camino, ahora más fuerte y bella.
DESPUÉS DEL AMOR…
Todo parecía tenue y triste, pero atrás quedó el corazón herido, escondido con cautela… poco a poco, fue apartando al miedo, dejando ver, a lo lejos, unas últimas lágrimas de alivio…
Lágrimas que no se quieren ir sin antes dejar una enseñanza: solo la distancia permite sentir la calma y descubrir belleza en la claridad.